lunes, 24 de mayo de 2010

Anacrónico perdido

Aunque nadie sepa definir con absoluta certeza el grado de felicidad, sí que detectamos con facilidad la medida en que somos desgraciados. Me llama la atención que viviendo en la época en la que con mayor ahínco se nos ha empujado a buscar la felicidad, exista un número tan alto de infelices.

Yo, por mi parte, cada vez aborrezco más la coincidencia fatal entre la edad que tengo y la época actual. Aunque no lo parezca, el mundo antes era mejor; el hombre, bueno o malo, era mejor. Nos están arrebatando todo aquello en lo que uno, ante la miseria y la desgracia, siempre ha podido apoyarse.

Hace ahora cuatro años, en un papelito arrugado que encontré hace poco, escribí: “¿Por qué busco la felicidad en conversaciones, momentos, hábitos, lecturas, ritos, poemas y lugares que no corresponden a mi propio momento histórico?, ¿Me desubico por algo o es que nací así, anacrónico perdido?”

martes, 20 de abril de 2010

Las arañas son flamencas

Un corro de arañas me tocan las palmas con el difícil propósito de animarme mientras duran las penitas. Que sí, que eras tú la de las curvas cónicas, todos mis dolores de cabeza y el Neobrufen de 600 gramazos que calma las resacas más aceitosas. ¿Y si crece un jaramago amarillo en medio de mi terraza, qué hago? Que sí, que no lo preguntes más. Que eras tú la de los olés arrancados a las aceras calientes. La gatuna pizpireta. La que nunca llegaba a la pared jugando al pollito inglés. Una, dos y tres. La sacarinosa azucarada en medio de las truchas azules.

Te busco en los precipicios opiáceos, en la calle que no es, y claro, ¿cómo te voy a encontrar si te escondes una y otra vez? Te gusta ponerte caretas poque para ti sí que Siempre es Carnaval, y no este cuadernito azulado. Llegaste por sorpresa como un tsunami, dejando mi corazón como se quedan las plazas después de las botellonas, que diría Ocaña. Nadie te dijo que vinieras, pero viniste a zarandearme. Te busco en el coche, en la sección de congelados del Mercadona, en los cigarritos de vainilla. Sí, esos negros.

Las arañas se arrancan ahora por bulerías fresquitas, para ver qué pasa. Pero no pasa nada, todo sigue igual, sólo que al compás. Tú sigues allí y yo aquí. O viceversa. Porque así tiene que ser. Porque todo está bien. O eso me gusta pensar mientras los párpados se van cerrando poco a poco.

domingo, 11 de abril de 2010

Mi Madre y Mark Rothko







Hace algún tiempo que mi madre se dedica al arte. Su sensibilidad artística no es algo nuevo, sólo que ahora se ha decidido a expresarla en diferentes formas: restaura muebles, rediseña todo tipo de objetos, decora y pinta. Y yo, aprovechando la ocasión, le pedí un lienzo con una copia de un cuadro de Mark Rothko. Pues bien, éste es el impresionante resultado. Lamento que las fotografías (maldito flash) no reflejen ni por asomo el impacto que provoca en vivo. Pongo también el original para que comparen y alucinen. ¿Quién me iba a decir a mí que mi madre me iba a salir, a estas alturas, por el expresionismo abstracto?

Por cierto, se pueden ver más trabajos de mi madre aquí. Y si alguien se anima, que me lo diga, que los precios son módicos y habrá una rebajita para los lectores del blog!! Jaja!!

miércoles, 7 de abril de 2010

Libros, películas y canciones...

En esta entrada voy a mezclar muchas cosas porque hace tiempo que no escribo y porque me da la gana. Aunque no estoy eufórico como otros años, me alegra la llegada de la primavera y el feliz reencuentro con el sol. Otro mes más en las tinieblas y no lo cuento.

He tenido unas últimas lecturas variadas e interesantes. Comencé el año leyendo ‘El agente secreto’ de Joseph Conrad. Sólo había leído ‘El corazón de las tinieblas’, y la verdad es que me ha gustado reencontrarme con su prosa tan peculiar y adictiva. El libro, además de ser una de las mejores ficciones sobre el terrorismo, es un retrato muy bueno sobre el nuevo hombre moderno de principios del siglo XX, con sus miserias y su desorientación ante los nuevos marcos sociales, económicos, culturales y políticos. También he leído ‘La conjura de los necios’ de Toole, que me ha divertido mucho con el grandioso personaje Ignatius Reilly y todo ese aroma de Nueva Orleans. Otro de mis libros recientes ha sido ‘A sangre y fuego’ del periodista sevillano Manuel Chaves Nogales. Se trata de una serie de relatos sobre la Guerra Civil y, a pesar de que no me gusta leer ficción sobre este tema, hay que reconocer que está muy bien escrito y refleja de una manera imparcial la crueldad del ser humano (fueran del bando que fueran). Me pareció muy interesante y ahora empiezo una biografía suya de Belmonte. También he vuelto a leer ‘Luces de Bohemia’, creo que por tercera o cuarta vez. Nunca me canso de ese humor esperpéntico de Max Estrella y de esa noche tan loca que vive junto a Don Latino de Hispalis.

Y hablando de noches locas, la película que más me ha gustado últimamente ha sido ‘After hours’ de Scorsese. Es una película suya poco conocida pero grandiosa. Me encantan las películas que se desarrollan en una misma noche. ‘After hours’ refleja una de esas noches especiales que todos hemos vivido alguna vez en la que estás tan tranquilo en tu casa y, sin saber cómo ni por qué, se encadenan una serie de hechos extraños que nos empujan a salir y vivir desvarío tras desvarío con los personajes más increíbles que uno pueda imaginar.

En cuanto a música, ahora estoy con las ‘Canciones de mesa camilla’ de Chico Ocaña, que fuera líder de los Mártires del Compás. Cualquiera que me conozca sabe mi devoción por este ‘Flamenco Billy’, y en este primer disco en solitario no defrauda. Aunque las canciones las tenía más que escuchadas porque empezó a cantarlas hace dos años y fueron difundidas en Youtube, es un gusto escucharlas grabadas en estudio. Además, el pasado mes de octubre tuve la suerte de ir al concierto en Toledo. Fue una de esas noches a las que me refería antes, en las que va uno a Toledo con un amigo a un concierto a una antigua iglesia mudéjar reconvertida, y termina ligando con unas profesoras de Religión desinhibidas, antes de mantener conversaciones con los patitos del Tajo…

sábado, 13 de marzo de 2010

Delibes y el amor

Como buen castellano, Miguel Delibes era un hombre austero. Poseía además la sabiduría de los hombres amantes del campo, y en mi opinión fue un hombre afortunado: disfrutó de un gran amor durante toda su vida. También fue desgraciado, pues la muerte de su mujer lo sumió en una depresión de la que nunca llegó a recuperarse. Nunca se sabe cuál es el dolor más agudo, si la pérdida de lo absoluto, o la angustia de no haberlo llegado a alcanzar nunca.

Envidio a Delibes, como envidio a nuestras generaciones antecesoras, que supieron tratar el amor y las relaciones humanas de una forma sencilla y elemental. Hoy la gente continúa buscando lo mismo que entonces: amar y ser amado, pero lo busca en el camino equivocado, desde el egoísmo. Ahora el amor no se vive, se consume. La gente vive ansiosa, buscando desesperadamente el amor, pero cuando les llega no saben qué hacer con él, y lo desprecian imaginando que encontrarán otra persona que les mantendrá eternamente en una especie de nirvana constante. Porque la gente piensa que estar enamorado y mantener una relación es experimentar un sinfín de sensaciones psicotrópicas. Y todo esto sin contar con el actual miedo patológico al compromiso.

El amor hay que trabajarlo porque también es tedio, aburrimiento, disgustos… sabiendo que, por encima de todo, es compartir un proyecto de vida con otra persona. Hace años, esto lo tenía asimilado todo el mundo. También es cierto que no todo lo perteneciente al pasado era mejor, pues retrocediendo más en el tiempo, nos encontramos con los matrimonios de conveniencia. Aún así, me parece más inteligente dejar el amor a un lado para obtener otro tipo de beneficios (posición social, dinero…), que esta desenfrenada, lunática y errónea búsqueda del amor donde no se encuentra.

Para terminar, una cita del desaparecido Delibes: “Nos bastaba mirarnos y sabernos. Nada importaba los silencios, el tedio de las primeras horas de la tarde. Estábamos juntos, era suficiente. Cuando ella se fue, todavía lo vi más claro: aquellas sobremesas sin palabra, aquellas miradas sin proyecto, sin esperar grandes cosas de la vida, eran sencillamente la felicidad”.

lunes, 8 de marzo de 2010

Yo lo he visto...

Las cenizas revolotean, a veces, durante un tiempo demasiado prolongado en la vida de uno. Aunque me empeñe en buscar pepitas de oro y volver a sentir en mis papilas queritivas el gusto añejo de la alegría y lo bello, sólo encuentro soluciones espesas y sucedáneos varios. Pero bueno, afortunadamente tengo buena memoria.

No puedo olvidar que existe otra forma de vivir. Las escapadas con algunas monedas a la playa en invierno, exclusivamente para dormir la siesta sobre la arena; los brindis al amanecer con el cuerpo borracho, pero la mente más sobria que nunca; el ritmo de los segundos marcando el compás de tardes de primavera compartidas con poetas de los de siempre; los besos escondidos en muros de ladrillos vistos; los paseos chulos por aceras de otros continentes, con la guitarra a la espalda, lista para disparar canciones improvisadas; los desayunos eternos de los domingos; el sol y la flama esperando paciente en los portales; las noches de azotea, con las estrellas como público de Palco Platea, y varios felices partiéndose las gargantas, más altos que la amistad misma; el mar abrumador contra los acantilados, sí; las noches de verano enterradas en papeles llenos de tinta, en absoluto silencio y desvarío; vivir con la sal en la frente; las miradas tranquilas y sinceras; los kilómetros en la noche con su mano sobre la mía…

Hay otro mundo. Yo lo he visto. Yo lo he vivido. Y no se parece en absoluto a esta mierda gris que cada día intenta engañarme y convencerme. Hay otro mundo, y yo lo he visto.

martes, 23 de febrero de 2010

Carnaval para el recuerdo

Digo adiós a un carnaval más, que me ha teletransportado a mis mejores años. Ha sido extraño porque no he estado en Cádiz, ni he cantando con mis amigos carnavaleros de siempre. Pero ha sido especial. Por primera vez he experimentado esa sensación que tanto he anhelado de cantar en una chirigota, y lo cierto es que no tiene precio. Salir al escenario, ver y sentir las risas del público –un teatro abarrotado-, cantar con sentimiento… y sobre todo, tener la certeza que esas sensaciones las estás compartiendo con el resto de golfos que llevan junto a ti ensayando tantas noches. Ha sido espectacular.

Y no sólo ha sido eso. Ha sido también ir a todos los bares cantando, con otro grupo, las coplas del jamón del Gran Visir, tocar la guitarra en una fiesta flamenca de carnaval… Me ha faltado sólo la brisa de levante, el olor a salitre y ver el Mora. Pero claro, nada es perfecto.